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Persianas en edificio de Gaudi

Hay un objeto en prácticamente todas las casas de España.

18 Junio 2026

Probablemente nunca le hayas dedicado ni un segundo de reflexión.

Lo subes cada mañana. Lo bajas cada noche. Llevas haciéndolo desde que tienes memoria. Y probablemente nunca le hayas dedicado ni un segundo de reflexión.
La persiana enrollable. La de cajón, lamas y guías. La que los alemanes llaman Rollladen con cierta reverencia técnica, que los ingleses apenas conocen, que los finlandeses descubren con asombro cuando visitan el sur de Europa, y que los italianos y los suizos llevan décadas discutiendo quién inventó de verdad. Con argumentos razonables por ambas partes, por cierto.

El nombre viene de Persia.

En el siglo XVIII, los comerciantes venecianos importaron sistemas de protección solar de Oriente y los bautizaron con el nombre de su lugar de origen. "Persiana." Así, sin más. Un nombre persa, dado por italianos, para un objeto que acabaría siendo más español que la tortilla de patata.

La primera patente moderna la firmó un inglés. Que era carpintero.

Edward Bevan, carpintero londinense, patentó en 1769 un mecanismo de cuerdas y poleas para regular lamas horizontales. Lo hizo en el país con menos horas de sol de Europa occidental. Nadie en Inglaterra la usó demasiado entonces. Nadie en Inglaterra la usa hoy. La ironía histórica es perfecta, y merece un momento de silencio.

El sistema que conocemos tiene dos padres y ninguno se pone de acuerdo.

Italia documenta sus primeras aplicaciones en 1870: madera maciza, lamas anchas, guías salientes. Funcionales. Rudimentarias. Honestas. Pero en 1882, el suizo Anton Griesser patentó la persiana enrollable de aluminio que se convertiría en el estándar moderno. Dos países, dos sistemas, una misma obsesión mediterránea por el sol.
En ese contexto, en 1906, Antoni Gaudí incorporó la persiana enrollable en la fachada de la Casa Milà de Barcelona. No como elemento estructural —la fachada de La Pedrera es un muro cortina que no sustenta cargas—, sino como parte compositiva y funcional del cerramiento. Gaudí entendió que la persiana no era un accesorio que se añade al final: era parte del proyecto desde el principio. Algo que muchos proyectistas del siglo XXI todavía no han asimilado.

Luego llegó el franquismo. Y con él, la persiana de masas.

Entre 1961 y 1975, España construyó más de cuatro millones de viviendas. Cuatro millones. En catorce años. El III Plan Nacional de la Vivienda necesitaba velocidad, repetición y estandarización.
En aquella España, la persiana que se instalaba en cada uno de esos pisos era, casi sin excepción, de madera. Pesada, noble, duradera si se cuidaba, pero exigente en mantenimiento. El PVC llegó precisamente en esos años —a partir de mediados de los 60— como una revolución silenciosa: lamas más ligeras,  y precios más bajos. Era el material perfecto para construir deprisa y mucho. El aluminio, en cambio, era entonces un lujo reservado a proyectos singulares. No irrumpió con fuerza en el mercado residencial español hasta finales de los años 80, cuando la industria nacional alcanzó la escala y el precio necesarios para democratizarlo.
Y en cada uno de esos millones de pisos, en cada ventana, en cada fachada de bloque de hormigón levantado a toda prisa entre Madrid y Alicante, entre Bilbao y Málaga, se instaló un cajón, un eje, unas guías y unas lamas.
Hoy, el 60% de las persianas en España son de PVC y el 25% de aluminio. El resto, de madera u otros materiales. Tres materiales, un mismo sistema. El elemento constructivo más repetido de la historia de la arquitectura española. Sin debate. Sin alternativa. Sin que nadie lo decidiera conscientemente.
Simplemente ocurrió.

Y aquí está la paradoja que más nos gusta.

El país con más persianas de Europa es España. El país donde se llaman con nombre persa. Donde las patentó un carpintero inglés que vivía bajo la niebla. Donde el sistema lo desarrollaron los italianos y lo perfeccionaron los suizos. Y donde Gaudí —catalán, genio, visionario— fue el primero en entender que una persiana bien proyectada no es un complemento: es arquitectura.
En Persianas Hernando llevamos décadas fabricando este sistema. Cajón, eje, guías, lamas. Y hay una historia que nos gusta contar: cuando el PVC estaba cambiando la industria, el fundador de esta empresa —el abuelo de quien hoy la dirige— tuvo la visión de adquirir una de las primeras máquinas para fabricar lamas de PVC que llegaron a España. Era la década de los 60. No había manual. No había referentes. Solo la convicción de que aquel material liviano y económico iba a transformar la forma en que España protegía sus ventanas. Tenía razón.
Esa misma actitud —entender antes que los demás hacia dónde va el oficio— es la que seguimos aplicando hoy, con los materiales, los ensayos y las exigencias del CTE del siglo XXI.
Porque la persiana que hay en tu casa puede parecer un elemento menor. Pero tiene más historia de la que imaginas. Y más importancia técnica de la que casi nadie le reconoce.
👉  https://persianashernando.com